Sobrecullida

En 1495 se realizó un censo-fogaje en el Reino de Aragón donde se anotaron, población a población, los vecinos de cada una de ellas.  Fernando el Católico ordenó este censo para conocer las posibilidades fiscales de su reino, ante la necesidad de recaudar un impuesto extraordinario. La denominación “fogaje” proviene de que se enumeraban los fuegos (hogares) existentes, ya que eran éstos las unidades a tener en cuenta a efectos recaudatorios. En realidad se anotaba tan sólo al “cabeza de familia” (en unos casos se trataba de un padre de familia, en otros tan sólo vivía un hombre o mujer en la casa, en otros se trataba de viudas con o sin familia, El reino se organizaba en doce “sobrecullidas”. La denominación procede del verbo “cullir”, que equivale a recoger. El “cullidor” era el encargado de cobrar los impuestos sobre el tránsito de mercancías, y la “cullida” era tanto la sede del cullidor como el acto en sí de pagar y percibir el impuesto. El término sobrecullidor fue posterior y designó un cargo superior, ante el cual el cullidor rendía cuentas. La sobrecullida constituía el conjunto de las cullidas sobre las que ejercía su potestad el sobrecullidor, en lo que llegó a ser una verdadera división administrativa y fiscal del reino. Las sobrecullidas eran doce: Zaragoza, Alcañiz, Montalbán, Teruel-Albarracín, Daroca, Calatayud, Tarazona, Huesca, Jaca, Aínsa, Barbastro y Ribagorza, que mas tardes se les llamó Veredas

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